Solías cautivar mi nombre mirando el cielo, me mirabas a los ojos y tu sonrisa precipitaba al decirme lo que no salía de tu boca.
No tarde en escribir de ti las palabras salían solas. Eras tú y era yo: tu timidez encantada y mi ilusionado corazón.
Días antes nos sentamos a formar figuras con las nubes. Dijiste que querías que ese momento no se terminara. Corría el viento tan fuerte que mis manos se congelaban. Mi cuerpo: mi cómplice. Mi única intensión: tocar las tuyas... ahí iba una de mis viejas maniobras de pendeja. Tan solo tácticas que tengo, que únicamente sirven para complacer mis esperanzas. Soy una egoísta, lo sé.