viernes, 14 de noviembre de 2008

I


Podríamos
sentarnos
en la inmensidad del cielo
y contemplar desde arriba,
cómo el reflejo del charco de lluvia,
que alguna vez cayó al suelo,
dibuja las nubes
en esa agua marrón
a nuestros rostros empapados
de inexistencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario