sólo queda una ilusión,
esa
siempre presente
pequeña esperanza
que nos puede salvar.
Que una gota de agua
de ese charco marrón
pueda, aun siendo
infinitamente diminuta,
volver a retratar
nuestros cuerpos
que todavía esperan
que el viento le devuelva
la forma a nuestra
existencia.
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