El otro día te vi caminando por la Alameda, al frente del metro U. de chile. Caminabas tan rápido como solíamos caminar juntos, como si alguien te estuviera siguiendo.Solo, caminabas con la vista en frente. No hablábamos hace meses, quizas años si lo veo de otra manera. Para mi ese tiempo, sin poder saber nada de ti, sin ni siquiera poder por lo menos saber que aún estabas vivo, fueron siglos, eternos siglos que al principio pensaba que iban a acabar conmigo, pero que después la costumbre los hizo alivianarce. Por eso es que no sabia nada. Que habías hecho, como te estaba llendo, adonde ibas en ese momento, absolutamente nada.
Luego rápidamente entraste a la feria. Yo estaba atrás tuyo, pero no quise que me vieras. Quería simplemente mirarte, recordar la forma en que caminabas, las cosas que mirabas, como observabas a las personas, todos esos pequeños detalles que cuantibaban mi mirar, que me hacían feliz ver.
De pronto paraste en un puesto, te gustaba tanto ese lugar, lo podía ver por la forma en que te detenías todo, hasta dejabas de respirar por contemplar hasta el mas mínimo detalles de cada melodía. Estabas en éxtasis, y yo también. Estuviste casi diez minutos en la misma posición, con la misma cara de agilado mirando lo mismo...todo el rato lo mismo. Eras tan adorable. Me daban tantas ganas de salir y correr a tus brazos, decirte tantas cosas, odiarte por haber desaparecido y amarte a la vez por aparecer de nuevo en mi mundo...pero no, eso sólo arruinaría mi plan de observarte hasta que ya no pasara inadvertida. Por eso es que me aferré a mis instintos de espía, y te seguí. Hasta el último puesto del último pasillo, te seguí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario