miércoles, 4 de marzo de 2009

¿algo más que callar, señor?

!
Lo que nos rodeó
por horas eternas
fue el infernal silencio.
Silencio de muerte en asilo,
silencio de no saber hablar.
¿Qué más da?
si alrededor de nosotros
rondaban cuerpos muertos.
Caminaban y obserbaban
escuchaban e interrumpían
nuestro silencio de mil demonios.
Ganas tenía
Fuerzas perdía
al no saber qué esperar
de nuestro encuentro.
Más fuerte era el sonido
de las hojas caer con el viento
que nuestros propios pensamientos.

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